La imaginación del mundo*
José Israel Carranza**
Recepción: 18 de noviembre de 2025
* Eliot Weinberger, Ensayos elementales, Anagrama, Barcelona, 2025. Libro electrónico sin paginación.
** Ensayista, narrador y periodista. Es profesor de literatura en el iteso, editor de la revista Magis, del iteso, y editorialista del diario Mural. Su libro más reciente es la colección de ensayos Dos puntos: (unam, México, 2025).
Aunque podamos alardear de poseer un dominio cada vez mayor de las leyes del universo físico, el supuesto progreso de lo que comúnmente entendemos por “civilización” en realidad comporta el empobrecimiento creciente e irreversible de nuestros saberes. Acaso comprendamos mejor cómo funcionan las cosas, pero en la fuga de los siglos hemos ido extraviando las razones primordiales. La arrogancia de creer que el futuro nos aguardaba con explicaciones más aceptables del sentido que tiene todo esto —la vida, cada vida—, se ve agravada por la desmemoria expansiva de lo que sabíamos antes. Porque sabíamos. Entendíamos. Estábamos en posibilidades de declarar, limpias de recelos y de incertidumbres, las descripciones cabales del universo que, además, servían muy bien al efecto de dar curso a nuestra existencia.
Lo anterior se desprende de una lectura posible del libro Ensayos elementales de Eliot Weinberger, y entraña un principio de apreciación de la naturaleza antropológica de las informaciones que contiene, en el sentido en que dichas informaciones (todas localizables en fuentes documentales bien identificadas: uno de los rasgos más impresionantes de este libro es que nada en él ha sido inventado por su autor) provienen de tiempos pasados, menos o más remotos, cuya contemplación desde el presente aturdido y confuso que habitamos hace ver como tiempos en los que pudimos tener más al alcance todo cuanto hacía falta saber. O tal vez no es que nos queden lejos esos tiempos, sino que sencillamente hemos dejado de prestar atención a lo que saben quienes acaso aún vivan en ellos. Por ejemplo, los mandeos:
Viven, o vivían, en la frontera entre Irán e Irak; ¿quién sabe cuántos quedan? Son antiguos, más antiguos que el Islam; ¿quién sabe cómo de antiguos? [...] Creen que ha habido cuatro eras en la historia del mundo, cada cual repoblada por una sola pareja. La primera fue destruida por la peste y la espada; la segunda por el fuego; la tercera, en tiempos de Noé, por un diluvio. Esta, la cuarta y última era, será destruida desde el aire. Cuando en la Tierra ya no haya más mandeos, la Tierra dejará de existir.
O, por ejemplo, el Tao: “Como de costumbre en el taoísmo, el sistema tiene un fallo inherente: una cavidad en el tiempo, llamada ‘Abertura Irracional’. Si, en determinado momento, que siempre cambia, se camina de espaldas a través de diversas puertas en un orden determinado, se puede escapar del tiempo y entrar al Lapso Oculto”.
Pero hay, al menos, otra lectura, asimismo estimulante —incluso diría: irresistible— para la que cuenta más la capacidad de maravillarse de la especie humana a lo largo de su comparecencia en la Tierra, y que ha sido la materia prima de Eliot Weinberger en estas páginas. Como él mismo ha afirmado, “es el mundo el que tiene imaginación”.1 Y estas páginas contienen eso, justamente: la imaginación del mundo.
Compuesto por cincuenta y ocho entradas (incluidos un “Prefacio” y un vertiginoso “Vórtice”), el volumen reúne piezas que Weinberger —nacido en 1949, poeta, ensayista, traductor al inglés de Octavio Paz, de Jorge Luis Borges, de Vicente Huidobro— viene escribiendo al menos desde 1985, cuando la revista Vuelta publicó la traducción al español de “El sueño de la India”, que reúne las visiones compiladas por él luego de una serie de viajes por ese subcontinente, durante los cuales los libros Ladera Este, El mono gramático y Conjunciones y disyunciones, de Paz estuvieron “muy presentes en [sus] pensamientos”.2 Enigmática o meramente arbitraria, la denominación “Ensayos” que Weinberger ha dado a estas piezas poco tiene que ver con la comprensión habitual de la tradición inaugurada por Montaigne y continuada en la lengua inglesa por Bacon: en primer lugar, porque está ausente de ellas la manifiesta subjetividad característica del género, así como cualquier intención de indagar en el “yo” y de ponerlo a dialogar con la realidad; en segundo lugar, tampoco hay una voluntad crítica explícita, ni el propósito de persuadir de nada a nadie ni el de discutir o cuestionar nada. Se trata, más bien, de una escritura que se basta con mostrar lo que han urdido individuos y pueblos (y sus santos y santones, sus sabios y artistas y profetas, sus poetas y sus iluminados, pero también sus paisajes y sus ciudades y sus palacios y sus animales y sus rocas y sus plantas), sin aducir en ningún caso precisiones de ninguna naturaleza ni mucho menos interpretaciones que interfieran con lo que la lectura ha de descubrir por sí sola.
Este modo de proceder, desde luego, implica la confrontación con numerosos misterios. Por ejemplo: “Chang Chu, un poeta del siglo xiii, escribió el verso ‘El cataclismo de las ovejas rojas’, que nadie ha podido explicar nunca”.3 O bien: “Para Aecio, cuando el vórtice creó el universo, y los elementos más pesados se unieron para formar la Tierra, y los más ligeros ascendieron para formar el éter, ‘átomos en forma de gancho’ se trabaron en la circunferencia para formar una piel, como el corion de un feto, y lo envolvieron todo. El universo entero está aún a la espera de su nacimiento”.4
Pero habría que pensar, por un lado, en qué medida nuestras ansias de claridades han acabado cegándonos, y, también, por otro lado, que existen vías de entendimiento que no necesariamente pasan por la elucidación del sentido último de las palabras, cuando éstas terminan apenas conduciéndonos a los linderos de lo que significa de otras formas.
Sueños, visiones, historias en las que lo ordinario se alía con lo numinoso (un poco a la manera de Marcel Schwob), mitos, creencias. A lo largo de estas páginas se despliega una poética regida por el asombro: el que el autor experimenta y el que suscita, infaliblemente. Incesantemente. Como se lee en “1. La Creación”, un inventario paradójicamente exiguo y total de todo lo que es: “Nada es inútil”. Y acaso estemos aquí para dar cuenta de ello: “El universo es como una ciudad, / sus callejones están llenos de rarezas y prodigios. / Deambula por ella”.5
El anónimo relator de La Biblioteca de Babel, de Borges, consigna la superstición según la cual, en algún anaquel de la Biblioteca, “debe existir un libro que sea la cifra y el compendio perfecto de todos los demás: algún bibliotecario lo ha recorrido y es análogo a un dios”.6 Este libro de Weinberger sugiere que ese libro no es imposible.
1. Anna María Iglesia, “Eliot Weinberger: ‘El ensayo es el único género literario que no ha tenido vanguardias’” en Crónica Global, Crónica Global Media, Barcelona, https://cronicaglobal.elespanol.com/letraglobal/letras/20250629/eliot-weinberger-ensayo-genero-literario-movimiento-vanguardia
/1003742665068_0.html Consultado 19/xi/2025.
2. Eliot Weinberger, “El sueño de la India” en Vuelta, México, Nº 100, marzo de 1985, pp. 30-33.
3. Eliot Weinberger, “3. Los Chang” en Eliot Weinberger, Ensayos elementales.
4. Idem.
5. Idem.
6. Jorge Luis Borges, “La Biblioteca de Babel” en Jorge Luis Borges, Borges esencial, Real Academia Española/Asociación de Academias de la Lengua Española/Alfaguara/Penguin Random House Grupo Editorial, Barcelona, 2018, pp. 57-64, p. 62. Las cursivas se encuentran en el original.
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