Metanoia | Núm. 4 | Texto literario
Soñador de realidad
Edwin Jared Sandoval Aguilar

Foto: Jolly-oly, Depositphotos
Un dragón ciego escupe fuego por su mirada
a las sombras que se han quedado en la esquina.
Y los soñadores de la vida viajan, ya sin sombras,
en los trenes rumbo al panteón para enterrar a sus vivos,
muertos de realidad, de sentido, de razón.
Su epitafio vislumbra en las paredes de la tierra
y en él se lee, con voz trémula,
memento somniare.
Les dejan flores marchitas de materia, de matemáticas, de mate.
Se marchan danzando al ritmo de las nubes,
caminan en ellas solapando leyes
y regímenes totalitarios de totalidad, de Ser.
Nosotros somos nada, solo sueños y fantasías,
una historia encarnada hecha de mentiras verdaderas
con vestiditos y trencitas de palabras.
Yo, por ejemplo, existo porque me imagino.
Ahora mismo me salen notas por los dedos
(Do
Re,
Mi)
voy armando mi música
y el escenario está lleno de mujercitas hechas de papel.
No soy un muerto más, soy el tiempo, la lucha, lo real.
Encuentro al mundo en los mundos,
y a mi yo con otros yo soñadores de la vida.
Es más real mi fantasía que tu cobijita que te abriga el cerebro triste,
llorando una supuesta realidad.
En cambio, yo prefiero el uppercut de mi verdad inventada
que el hambre férrea de la vida gris
que no se atrevió a soñar.