
Superando lo común: la diferencia como posible entrada a cambios globales
Iván de Jesús Barón Zamudio
Resumen: Lo común, más que unirnos, nos ha separado. Es por ello que parece que hay que superar ese concepto para acercarnos a la realidad desde otra perspectiva. Desde la filosofía de Heráclito de Éfeso, junto con Xavier Zubiri, este texto es un intento de presentar una forma distinta de acercarnos a la realidad para matizarla sin absolutizar lo afirmado. Así, lo común que se resiste al cambio se supera para dar pie a lo que siempre ha estado debajo de él: la diferencia.
Palabras clave: común, diferencia, realidad, Heráclito de Éfeso, Xavier Zubiri.
Abstract. Rather than uniting us, the common has divided us. This text argues that we must move beyond the concept of “the common” in order to approach reality from a different perspective. Drawing on the philosophy of Heraclitus of Ephesus and Xavier Zubiri, it seeks to propose an alternative way of engaging with reality—one that materializes it without absolutizing what is affirmed. In doing so, the static notion of the common is surpassed, giving way to what has always existed beneath it: difference.
Keywords: the common, difference, reality, Heraclitus of Ephesus, Xavier Zubiri.
El problema no es que no haya formas de resistencia o revuelta, sino que todos los demás caminos estratégicos, es decir, todas las convicciones que podrían tener la misma fuerza que la creencia contemporánea de que el capitalismo es el único camino posible, son insuficientes. Es la falta de lo que yo llamo una idea, una gran idea. Sólo esta idea podrá unificar, de manera estratégica y global, todas las formas de resistencia e invención política.
—Alain Badiou1
Desde que la Unión Soviética cayó y dejó al occidente capitalista como la única opción de organización sociopolítica, lo que se ha llamado izquierda quedó derrumbada. Su derrota la hizo conformarse con pequeñas victorias aquí y allá, con pequeños pasos en materia laboral, económica y social. Sin embargo, el campo global ha quedado con el terreno acaparado por el capitalismo o alguna forma de evolución de éste como lo ha planteado Yanis Varoufakis.2 La falta de una verdadera alternativa nos trajo una ola de conservadurismo reaccionario que produjo personajes en la política que parecen más pandilleros que verdaderos políticos.3 Donald Trump, Javier Milei, Elon Musk o Nicolas Sarkozy. La Nueva Izquierda, como la hacen llamar personajes del conservadurismo reaccionario como Agustín Laje y Nicolás Márquez,4 se ha quedado corta para dar esta gran idea a la que se refiere Alain Badiou en la cita introductoria. Tampoco podemos negar las victorias que se han alcanzado desde la táctica astuta, desde el escamoteo que hacemos a diario entre las determinaciones sociales, políticas y económicas que da la estructura dominante configurada por el capitalismo global. Aun así, ver que en la política global no hay alternativas al capitalismo es inquietante: “Pero ¿qué se puede hacer? El capitalismo no será el mejor sistema, pero es el único que tenemos”, se dice con frecuencia.
En el presente artículo expondré ciertas ideas que exponen a lo común como la raíz de los problemas políticos, sociales y económicos de hoy para superarlo mediante la noología zubiriana en paralelo con el pensamiento de Heráclito de Éfeso. Primeramente, expondré algunas de las características principales del capitalismo global que decaen en problemas. En seguida, explicaré brevemente la forma en que funcionan las comunidades dentro de un sistema fuertemente individualista para después presentar al capitalismo como un comunismo para unos cuantos. Después, introduciré la raíz del problema: la pregunta “¿Quiénes somos nosotros?”. Para enfrentarlo me detendré a explicar el pensamiento de Heráclito de Éfeso y luego lo pondré en paralelo con la noología de Xavier Zubiri. Más adelante, introduciré lo campal como el ámbito donde la desabsolutización del conocimiento se da gracias a la apertura que da la formalidad de realidad. Explicaré cómo la matización exigida por la desabsolutización tiene que ser pragmática para, finalmente, presentar las exigencias que ya nos está dando lo real para matizarlo en el contexto del capitalismo global o su nueva forma de tecno–feudalismo.
Sabemos que, en el capitalismo, el principal objetivo es la conservación y el aumento del capital. Nada que no se haya dicho antes de una infinidad de formas diferentes. En este sistema ése es el fin de toda actividad desarrollada. ¿Dónde queda el bienestar? Tampoco queda fuera, pero sencillamente es un efecto al que se llegará cuando se logre acumular el capital suficiente; llámase “acumulación”, “derrama económica”, “estabilidad laboral”, “aumento de salarios”, etcétera. En ese sentido, la causa final es la acumulación de capital y el bienestar un efecto secundario. Sin embargo, la desigualdad tiene una tendencia a aumentar y no veo que se tomen acciones claras para hacer un cambio.5
Otra característica que se le critica al capitalismo es su fuerte individualismo, que nos motiva a competir en el mercado y que, gracias a la promesa de la meritocracia, nos hace soñar con obtener lo que logremos con nuestro propio trabajo y esfuerzo. Lo irónico es que este individuo que gestó el capitalismo ahora es un producto. El trabajador se vende en un mercado laboral que le hace pensar que es un agente cuando en realidad es un producto. Por otro lado, el narcotráfico y la narcocultura se han impuesto como expresiones crudas de este sistema. Antes se imponía un trabaja o muere en tanto se podía decidir no entrar en el mercado laboral, aunque eso pudiera costar la vida. Ahora, la realidad es que tenemos cárteles que reclutan forzadamente a personas para volverlas esclavos; no hay otra palabra para decirlo. Son esclavizados para que trabajen como sicarios, como prostitutas, como reclutadores, como fabricantes de drogas. ¿La otra opción? Ser asesinado. Todo esto para la conservación y acumulación de capital.
Aunque en el capitalismo se incite al individualismo, no puedo negar que no existan las comunidades dentro del sistema. Claro que las hay, pero éstas siguen lógicas capitalistas incluso cuando sus principios son anticapitalistas. Una comunidad anticapitalista no podrá hacer sus actividades sin tomar en cuenta los salarios, horarios laborales o nichos de sus miembros.
Así como hay comunidades anticapitalistas, también está la comunidad dominante del sistema: la clase capitalista. Esta clase se ha visto beneficiada por la política sin alternativa de la que habla Badiou,6 y aunque tenga sus oposiciones, éstas no se salen del marco que impone el sistema. Esto ha ocasionado la generación de una clase político–capitalista, una especie de quimera en la que los políticos son antes empresarios que servidores públicos: tenemos a los inmobiliarios dentro de Movimiento Ciudadano en Jalisco, el dueto Elon Musk–Donald Trump, Javier Milei y Nayib Bukele con las criptomonedas, entre otros.
En este contexto, el capitalismo parece ser una especie de comunismo sólo para esta clase político–capitalista. Los recursos, las utilidades y el bienestar es para nosotros los capitalistas. Mientras tanto, el bienestar ideal de la clase trabajadora es que sean explotados de tal manera que estén lo suficientemente bien como para no rebelarse o darse cuenta de la explotación a la que son sometidos. Sin embargo, esta clase dominante no hace más que reducirse en número. La desigualdad cada vez es más grande y los que antes estaban arriba, ahora estarán del otro lado de la cancha. Esto es lo que plantea Varoufakis al presentar la posibilidad de alianzas entre la clase capitalista y la clase trabajadora frente a la nueva clase dominante.7 ¿Y qué pasó en el comunismo con este elemento de la clase dominante? De fondo, lo mismo. La Unión Soviética, más que nada con Iósif Stalin, fue un comunismo para unos cuantos: para el Estado, para la clase política. Ahora, la clase dominante parece mezclarse entre la política y la capitalista.
En el fondo de todo esto hay un problema que iguala al comunismo con el capitalismo. Ésta es la respuesta de la pregunta “¿Quiénes somos nosotros?”, es decir, ¿qué tenemos en común? A lo largo de la historia hemos buscado qué es eso que tenemos en común. Esto ha sido el ser hijos de Dios, tener un alma, ser hombres y, en la actualidad, ser humanos. Aun así, deshumanizamos y sacamos de lo común a otras personas. Es lo común lo que permitió decir Nosotros los alemanes, Nosotros los hombres, Nosotros los blancos, Nosotros los cristianos frente a los otros. Nosotros contra otros. Así que tenemos que ver qué hay de fondo en lo común para así negarlo y superarlo.
Hay un personaje en la historia de la filosofía que difícilmente sostendría lo común, lo permanente: Heráclito. Es el filósofo oscuro el que nos propone el pyr, el fuego, como arkhé, como principio. Es el fuego, la discordia, el cambio, lo que está de fondo en todas las cosas. Para él, llegar a lo común, a una paz, a una absoluta concordancia no es posible.8 Es el Λόγος (utilizaré éste en alfabeto griego para distinguirlo del Logos de Zubiri) el que unifica la discordia en una discordia concordante, siempre entre tensiones, en una armonía más perfecta que la que se nos manifiesta a primera vista.9 Este Λόγος es la luz inteligible que no tiene ocaso.10
[...] según señala el mismo Stefanini [...], los estudios de Cassirer [...], Hoffmann [...] y Calogero [...] sobre la mentalidad arcaica en los orígenes de la lógica clásica, sirven para echar luz en la tri–unidad del logos heraclíteo que es palabra, verdad y ser indistintamente, ‘no por una fusión reflexivamente realizada, sino por una espontánea persuasión de semejante unidad’. ‘Propiamente en cuanto atribuye alternativamente al logos (escribe Calogero, “Eráclito”, p.200), ya sea el valor de la pura palabra, ya que el de la palabra–verdad–realidad, ya sea cualquiera otra intermedia graduación de significado, Heráclito revela típico representante de la indistinción arcaica de esas tres esferas… Los tres valores, el ontológico, el lógico y el lingüístico que desde el comienzo del libro de Heráclito se atribuyen al logos, resultan confirmados también por el texto de los otros fragmentos’.11
Dice Heráclito que “Común a todos es la inteligencia”,12 y es con todo esto que encuentro relaciones con la noología de Zubiri, que también entiende el Logos como una unidad que atiende lo ontológico, lo lógico y lo lingüístico. Sabemos que, para Heráclito, esto que nunca tiene ocaso es el pólemos, la guerra entre lo discordante que fundamenta todos los logoi, los discursos ordinarios.13 Es el Λόγος en pólemos lo que hace que en lo discordante resuene lo concordante, la armonía que da el Λόγος. Así también parece funcionar la inteligencia sentiente. ¿No es acaso la inteligencia la que en su aprehensión primordial aprehende todas las sensaciones discordantes entre sí que, en este primer momento, se le presentan a ella? Es en esta unidad donde el Logos le da proporción a lo discordante, donde la inteligencia da un modo de ser a todo eso que aprehende.
Por ello queda tan preciso que el segundo momento de la inteligencia sentiente sea el Logos. Es éste el que armoniza lo discordante de la aprehensión primordial de realidad; este momento cuando aprehendemos impresivamente la realidad de lo real directa, inmediata y unitariamente.14 Así, esta aprehensión no es la luz sensible, sino la inteligible. ¿Cómo nos podemos ocultar de nuestra propia inteligencia sentiente si ésta no tiene ocaso? Es preciso saber que la inteligencia es abierta, no tiene ocaso en sentido formal, no temporal, gracias a la apertura transcendental que se da desde el primer momento de aprehensión. Esta apertura transcendental es la que hace que lo aprehendido se aprehenda como real, como radicalmente otro, de igual forma que cualquier otra cosa aprehendida. Esta apertura luego se reitera en la apertura transcendental hacia otras cosas reales15 del Logos de Zubiri, donde lo unificado en el afirmar lo que una cosa es se abre hacia otras cosas que aprehendo: esta laptop es laptop en respectividad abierta con el escritorio donde se sostiene y las manos que la teclean.
Después, nuevamente se presenta en el tercer y último momento de la Razón en una apertura a encontrar siempre un nuevo esbozo que incida–con lo real de una mejor forma, pero nunca de forma definitiva; una afirmación que contrasto con lo real para verificar si la realidad da de sí lo necesario para que mi afirmación se sostenga o no.
Ahora, ya puestos en paralelo el Λόγος de Heráclito y el Logos de Zubiri, profundicemos en el elemento que nos ayuda a acentuar la diferencia para negar lo común: lo campal. Gracias a la apertura transcendental hacia las cosas aprehendidas que están en un campo entendido como ámbito de realidad que aloja muchas otras cosas reales. Lo aprehendido ya no es aprehendido sólo en y por sí mismo sino en respectividad con las demás cosas aprehendidas.16 Es en lo campal donde tenemos dispositivos y medios que lo modalizan, es decir, hacen que lo aprehendido campalmente se nos haga presente de una forma u otra. Por ejemplo, el lenguaje modaliza lo aprehendido de tal manera que es difícil aprehender aquello que no podemos nombrar y lo modaliza de distinta forma en cierto idioma que en otro.
Aunque tengamos distintos dispositivos que nos modalizan lo presentado, también tenemos la apertura que ya expuse. Gracias a la radicalidad de esta apertura nosotros podemos cambiar de dispositivos y de medios, podemos cambiar y buscar nuevos modos de presentación de lo real. Sin embargo, esto exige tiempo y espacio. Tiempo para reflexionar sobre si la modalización de presentación que estoy usando me está siendo suficiente o si decido cambiarla y buscar otro modo. Por ejemplo, cuando al ejercicio científico no le bastó con experimentar los fenómenos a simple vista y empezó a desarrollar el microscopio; el desarrollo de éste requirió tiempo y espacio.
Esta apertura radical, que Zubiri llama formalidad de realidad, es la que nos permite buscar nuevos modos de presentación. Pero no es únicamente tiempo y espacio lo que se necesita para hacer estos cambios de modalización, sino que requiere trabajo. No lo digo como trabajo laboral, sino como en su sentido más físico. Se necesita aplicar energía para cambiar y buscar nuevos modos de presentación de la realidad. Si vivimos en un sistema que exige que todo nuestro trabajo, entendido como toda nuestra energía, esté destinado a producir más capital para el capitalista, entonces es un deber intelectual, político y social luchar por los derechos laborales; es necesario luchar por una vida donde nuestra energía también pueda ser destinada a lo que nosotros deseemos fuera de una producción de capital.
Otra consecuencia que nos da la formalidad de realidad es la desabsolutización. Los dispositivos y medios que utilizamos, los modos de presentación que ensayamos no son definitivos. La modalización científica, es decir, los dispositivos, medios, métodos, procedimientos científicos tomados como absolutos nos hunden en el cientificismo. La absolutización de logificaciones o verdades lógicas también nos lleva a problemas, y es mejor no negarlas, sino ser conscientes de sus limitaciones. También las afirmaciones, los esbozos de lo que las cosas son, no se deben absolutizar.
Al decir “el hombre es...”, “la mujer es...”, “el ser humano es...” debemos ser conscientes de las limitaciones que estas afirmaciones tienen y de qué modo se nos presentan esas cosas reales como para que la afirmación funcione. En otro modo de presentación, la afirmación puede no tener sentido alguno. Esta desabsolutización nos exige un ejercicio constante de matización, que no tiene fin. Matizar es contrastar constantemente tanto lo afirmado con lo real como los dispositivos y modalizaciones que usamos para hacérnoslas con la realidad. No confundamos este ejercicio de matización que, aunque no tiene fin (en sentido temporal), no es un fin en sí mismo. El fin (en sentido de causa final) es gnoseológico, es decir, la producción de conocimiento útil para hacérnoslas con la realidad. Conocimiento útil en un sentido instrumental muy amplio, que incluye a otras personas, a otros seres vivos, a otras cosas, a otros radicalmente otros.
Debido a la incesante discordia del fuego, de lo distinto, de lo cambiante, ¿hasta cuándo dejamos de matizar? Como esta propuesta es una propuesta pragmática, la matización es útil cuando es suficiente. Ahí se deja de matizar sin olvidar que la cosa ya puede dar más de sí, pero por efectos prácticos hay que dejarla hasta que escuchemos que la cosa exija una nueva matización, es decir, cuando la matización ya no funcione para alguno de los casos prácticos que se nos presentan. No olvidemos que la exigencia siempre llegará y que la misma realidad, nuestra propia inteligencia, nos exige ser conscientes de los límites que tienen los modos de presentación, los dispositivos y las matizaciones que vamos esbozando. De esta forma, lo común puede tener sentido, pero se nos presenta como contingente, como refutable, como superable. Al preguntarnos “¿qué tenemos en común?” la matización exigirá cambios y el “nosotros” se resistirá a éstos, pero nunca exitosamente.
En esta línea, parece que la realidad ya nos está exigiendo matices importantes como lo son la concepción de clase trabajadora y clase capitalista. Como comenté, Varoufakis planteó que el tecno–feudalismo permitiría, por no decir exigiría, la formación de alianzas entre clase trabajadora y clase capitalista para hacer frente a los “señores tecno–feudales”.17 En esta propuesta, ¿cabe seguir llamando a ese grupo de personas clase capitalista? ¿Se convertirían en clase trabajadora? ¿O en qué se convertiría la clase trabajadora? ¿Tiene sentido conjuntar ambos o qué tienen de diferentes? ¿Qué diferencias podemos acentuar en un grupo y en otro? Ya no podríamos usar ciertas ideas de Karl Marx, pues muchos conceptos dejarían de funcionar. Necesitaríamos una nueva fundamentación de las diferencias de clases. Además, tendríamos que matizar a este nuevo grupo de personas que nos imponen el uso de sus tierras que ahora están en la “nube”.18
Preguntarnos por quiénes somos nosotros ha sido de las cuestiones más importantes de la historia de la humanidad. Nos separó de los neandertales, nos separó entre pueblos, nos separó entre razas, nos separó entre reinos, nos separó entre géneros, nos separó entre clases, y nos sigue separando sin cesar, hasta que nos demos cuenta de que, más que comunes, somos diferentes. Lo común, más que unirnos, nos ha separado. Y nos podemos dar cuenta de que lo común en el fondo es concordia contingente sostenida en la discordia permanente.
Al final, el Estado soviético se desmanteló y no quedó nada de lo común que tenían. Parece que la clase capitalista cada vez se desmantela más para dar pie al tecno–feudalismo de Varoufakis19 y lo común que tenían se desmorona. Si seguimos así, lo común en el sistema capitalista va a hacer lo que ya hicimos intelectivamente: reducirse a una unidad frente a todo lo diferente, una desigualdad económica, social y política absoluta de una persona frente al resto del mundo. El común: él y nada más él. ¿Por qué seguimos insistiendo en encontrar lo común universalmente si ya sabemos que no va a haber un acuerdo? La realidad exige matices y los exige constantemente. Si lo común se va a resistir inevitablemente al cambio, ¿no parece más astuto insistir en lo diferente que, aunque también en constante cambio, no va a poner resistencia?
Yo me pregunto si el dar primacía a la diferencia, al cambio y a la apertura nos llevará a formas de organización mejor coordinadas y menos trabadas. ¿Podremos encontrar una forma más fluida de hacérnoslas con la realidad, una realidad con una alteridad radical? Y no digo una forma de encontrar la paz y vivir sin fricciones, pues ya vimos que eso es una quimera, sino de seguir la discordia sentándonos en la unidad discordante, siempre conscientes de que tendremos que volver a ponernos de pie. Dejémonos de ser sedentarios intelectualmente y convirtámonos en nómadas inteligentes.
Fuentes documentales
Badiou, Alain, Badiou contra Trump, Clave intelectual, Madrid, 2020.
Márquez, Nicolás y Laje, Agustín, El libro negro de la nueva izquierda. Ideología de género o subversión cultural, Pesur, Buenos Aires, 2016.
Mondolfo, Rodolfo, Heráclito. Textos y problemas de su interpretación, Siglo xxi, México, 2007.
Novara Media, American Big Tech Has Enslaved Us | Aaron Bastiani Meets Yanis Varoufakis, en YouTube, 8/X/2023, https://youtu.be/VatYrw0uqjU?si=pof3q3tj8sQ_7IBM Consultado 13/III/2025.
Taneja, Anjela (Coord.), Desigualdad S.A. El poder empresarial y la fractura global. La urgencia de una acción pública transformadora, Oxfam International, Oxford, 2024.
Varoufakis, Yanis, Tecnofeudalismo: El sigiloso sucesor del capitalismo, Deusto, Barcelona, 2024.
Zubiri, Xavier, Inteligencia sentiente. Inteligencia y realidad, Alianza/Fundación Xavier Zubiri, Madrid, 1998.
_______, Inteligencia y logos, Alianza/Fundación Xavier Zubiri, Madrid, 1982.
1 Alain Badiou, Badiou contra Trump, Clave intelectual, Madrid, 2020, p.39.
2 Cfr. Yanis Varoufakis, Tecnofeudalismo: El sigiloso sucesor del capitalismo, Deusto, Barcelona, 2024.
3 Cfr. Alain Badiou, Badiou contra Trump, pp. 32–35.
4 Cfr. Nicolás Márquez y Agustín Laje, El libro negro de la nueva izquierda. Ideología de género o subversión cultural, Pesur, Buenos Aires, 2016.
5 Cfr. Anjela Taneja (Coord.), Desigualdad S.A. El poder empresarial y la fractura global. La urgencia de una acción pública transformadora, Oxfam International, Oxford, 2024, p.7.
6 Cfr. Alain Badiou, Badiou contra Trump, p.27.
7 Novara Media, American Big Tech Has Enslaved Us | Aaron Bastiani Meets Yanis Varoufakis en YouTube, 8/X/2023,
https://youtu.be/VatYrw0uqjU?si=pof3q3tj8sQ_7IBM Consultado 13/iii/2025.
8 Aforismo 9ª, “Heráclito reprocha al poeta que dijo: ¡Ojalá se extinguiera la discordia de entre los dioses y los hombres! [Ilíad., xviii, 107] Pues no habría armonía si no hubiese agudo y grave, ni animales si no hubiera hembra y macho, que están en oposición mutua”. Rodolfo Mondolfo, Heráclito Textos y problemas de su interpretación, Siglo xxi, México, 2007, pp. 31–32.
9 Aforismo 54, “La armonía oculta es superior a la manifiesta”. Ibidem, p.37.
10 Aforismo 16, “[Pues acaso podrá ocultarse uno de la luz sensible; pero de la inteligible es imposible] o, según dice Heráclito, ¿cómo podría uno ocultarse de lo que nunca tiene ocaso?”. Ibidem, p.33.
11 Ibidem, pp. 159–160. Las cursivas se encuentran en el original.
12 Aforismo 133, Ibidem, p.44.
13 Aforismo 53, “Pólemos [la guerra] es el padre de todas las cosas y el rey de todas, y a unos los revela dioses, a los otros hombres, a los unos los hace libres, a los otros esclavos”. Ibidem, p.37.
14 Xavier Zubiri, Inteligencia sentiente. Inteligencia y realidad, Alianza/Fundación Xavier Zubiri, Madrid, 1998, pp. 64–65.
15 Xavier Zubiri, Inteligencia y Logos, Alianza/Fundación Xavier Zubiri, Madrid, 1982, p.32.
16 Ibidem, p.15.
17 Novara Media, American Big Tech Has Enslaved Us | Aaron Bastiani Meets Yanis Varoufakis, en YouTube, 8/X/2023, https://youtu.be/VatYrw0uqjU?si=pof3q3tj8sQ_7IBM Consultado 13/III/2025.
18 Idem.
19 Cfr. Yanis Varoufakis, Tecnofeudalismo…