Sólo me han roto el corazón los hombres

Daniela Cabrera Zepeda

A los cinco, diez, quince, veinte…

siempre se rompe algo más

y siempre queda algo más que romper,

hasta que los trozos se convierten en trozos

de los trozos

de los trozos

de los trozos, polvo

del polvo

del polvo

del polvo.

No queda mucho amor para regalarte,

no queda mucho corazón que romper,

me habitan más esquirlas que fragmentos

que palpitan a ritmos diferentes

que quieren seguir amando.

Toma el polvo que queda de mi corazón,

toma todo mi cuerpo cayéndose a polvos,

si no lo quieres no me lo digas

sé bueno conmigo, aunque yo ya haya dejado de ser frágil,

sé bueno, aunque haya dejado de ser un “conmigo”.

Lánzame y déjame volar en el aire,

siempre quise volar,

lánzanos y deja a cada esquirla formar parte de un trozo más grande,

sepáranos porque no sabemos hacer otra cosa más que sufrir juntas,

porque ya no nos interesa ser una persona.

Y bórrame, pero hazme renacer.

Y regresa a tu casa en la noche y no le digas a nadie.

Algunas nos quedamos en tu ropa,

otras en tu coche,

en la cama,

la casa de nuestros abuelos,

la resbaladilla del preescolar,

nuestro primer hogar.

Nadie lo notaría.

Pero no le digas a nadie, no lo harías incluso si no te lo pidiéramos.

Sería lo más lindo que un hombre haría por nosotras.

Y por fin aprenderíamos a volar.