Metanoia | Núm. 4 | Texto literario

Reino Aural


Luis Alfredo Pérez Macías*

Foto: Nongkran_ch , Depositphotos

* Estudiante del sexto semestre de la licenciatura en Arte y Creación en el iteso. Correo institucional: alfredo.perez@iteso.mx. Productor musical en árbol taller sonoro.

Extracto de crónica por
el biólogo Joni Mitchell

[...]

Martes 13 de octubre de 2020, 18:00 horas

Loreto, Perú

Apelando al sentido de la responsabilidad histórica quiero comunicar lo que todo biólogo de vieja escuela persigue: la oportunidad de clasificar una nueva forma de vida. El fenómeno que estoy a punto de describir nos lleva a proponer la existencia de un nuevo reino biológico, que provisionalmente denominamos Reino Aural.

Por parte del Instituto en Biología y Neurociencias Aplicadas, mi equipo de investigación y yo hemos estado analizando la molécula Trisoma–7B y su interacción con el lóbulo occipital, en un esfuerzo por desarrollar una cura para el Déficit Visual por Ausencia de Profundidad (dvap), observamos un fenómeno no documentado previamente. A los pies de una Ceiba speciosa, lo que inicialmente parecía ser un grupo de insectos voladores organizados en una formación esférica, comenzó a comportarse de manera inusual. Tras 35 segundos de observación, los insectos expandieron su vuelo en seis direcciones simétricas, desintegrando la estructura original y adoptando un patrón que recordaba la forma de un Nelumbo nucifera (flor de loto). Pasados otros 35 segundos, la formación comenzó a contraerse de nuevo hasta retomar su configuración inicial.

Este ciclo de expansión y contracción, que denominamos dinamismo simétrico insectil, parecía estar impulsado por una fuerza externa. Aunque cada esfera presentaba un comportamiento consistente con la existencia de un centro de gravedad, este no era visible, sugiriendo la presencia de un aura.

Decidí acercarme físicamente al origen del fenómeno que estamos describiendo, con el objetivo de validar empíricamente lo observado. A una distancia aproximada de 50 cm del centro de lo que parecía ser la fuente del aura, todos los insectos que formaban la estructura inmediatamente se dispersaron, rompiendo la configuración geométrica. En ese momento experimenté un mareo súbito, caí al suelo y mi cabeza quedó justo sobre la base donde se originó esta manifestación aural. Perdí el conocimiento y, al despertar, me vi sumido en una serie de alucinaciones extremadamente realistas. Sentí una presión en el pecho, como si una fuerza profunda me invitara o bien a la caída definitiva, o bien a una aproximación más auténtica a este enigmático fenómeno geométrico.

Entre las imágenes oníricas que observé se destacó un recuerdo reprimido de mi infancia: una escena marcada por el brillo de un cinturón amarillo con hebillas de acero, una mano gruesa y velluda sosteniéndolo, y una voz furiosa y arrastrada con un hedor a alcohol, que me exigía abandonar mis sueños de ser músico, me ordenaba seguir su camino y el de mi abuelo en la exploración científica. La imagen de su camisa azul y su chaleco negro se mezclaba con una corbata que marcaba el inicio de su cuello robusto y cubierto de barba. Sentí un fuego abrasador en mi labio inferior, causado por una herida que me obligó a callar mis sueños y someterme a su voluntad. A mi lado, una figura femenina —mi madre— permanecía en silencio, oculta, con una falda oscura, las manos entrelazadas en una plegaria muda, como si su culpa fuese un lazo que yo compartía con ella.

Este recuerdo, junto con las sensaciones que experimenté en mi visión, me hizo cuestionar su relación con el fenómeno aural. Al investigar más sobre la Ceiba speciosa, conocida en Perú como “el palo borracho”, surgieron posibles conexiones simbólicas entre este árbol y el aura que percibí. La posibilidad de que estas manifestaciones geométricas aurales tengan raíces profundas en la esencia del árbol o en la composición mineral del suelo comenzó a tomar forma en mi mente.

Miércoles 14 de octubre, 11:00 horas

Tras los hallazgos del día anterior decidí hacer una introspección acerca de las formas simbólicas que emergieron en mi conciencia. La interacción con este fenómeno geométrico, que parece no tener cuerpo físico pero que absorbe cuerpos de masa reducida, me hizo reconectar con mi pasado. Al compartir mi experiencia con los habitantes locales me relataron que el bosque amazónico tiene una peculiaridad: “Muere el sol, canta la tierra, y las misteriosas puertas salvajes son abiertas”.

Estas historias me animaron a seguir explorando el entorno en busca de otras manifestaciones aurales con las que pudiera interactuar, en lugar de limitarme a una observación pasiva. Un anciano me advirtió que caminar en la oscuridad del bosque es como caminar entre nubes de plomo. Según él, los árboles poseen una sabiduría ancestral, y si uno no es respetuoso ante los “maestros” corre el riesgo de olvidar su propio nombre.

Jueves 15 de octubre, 20:00 horas

El estudio de este fenómeno pudo ser posible mediante el uso de una varilla Verónica; la captura y traducción de frecuencias provenientes del subsuelo, del aire, la humedad y la fuerza gravitacional fueron convertidas a sonido por medio del SuperCollider. Gracias a la escucha horizontal de las ondas sonoras generadas pudimos identificar sus cualidades al reconocer los efectos que ocurrían en nuestras consciencias por estar expuestas a estos patrones frecuenciales que denominamos “auribelios”, los cuales conformarían las cadenas de adn de los seres aurales.

Martes 20 de octubre, 17:00 horas

Reunimos todas las ondas sonoras y pedimos la colaboración de un pianista, un chelista y un violinista para componer una pieza musical que, junto con los “auribelios”, pudiera traducir esta información biológica a una obra sonora. El resultado fue una pieza experimental que llamamos flor de lyss, dividida en siete movimientos denominados flores. Creemos que el uso deliberado de siete divisiones puede generar una “narrativa” lo suficientemente potente para que otros experimenten lo que accidentalmente vivencié: un viaje a los elementos de nuestro inconsciente que, en esencia, configura el cómo observamos, relacionamos e interactuamos ante el mundo.

Considero que este hallazgo puede conducirnos a un plano evolutivo superior en la condición humana, a una atención y expansión en la escucha desde el trato horizontal entre nuestras capacidades con el entorno. El acercamiento y el intento de comprensión y traducción de los “auribelios” me hizo conectar con mi propia vulnerabilidad, y es por esta razón que, a partir de hoy, decido cambiar mi título de investigador científico a una fórmula matemática que sintetiza mi sentir respecto al descubrimiento y teorización de este nuevo Reino de seres vivos.

Atentamente,
El Cardiógrafo Aural
Yo=n+1 ; Mi=x–ÉL



                                                                                                  QR de escucha de la flor de lyss: